Un 35 mm invita a entrar en la habitación sin perder ambiente; un 50 mm abraza naturalezas sin distorsión; un 85 mm acaricia retratos cerrados sin invadir. Cambiar de focal es cambiar de respiración. Si te acercas, baja la voz y espera el microgesto. Si te alejas, encuentra líneas que guíen con suavidad hacia ellos. Evita ángulos extremos que deformen manos o narices cerca de la ventana, donde la dirección de luz puede exagerar proporciones.
Un 35 mm invita a entrar en la habitación sin perder ambiente; un 50 mm abraza naturalezas sin distorsión; un 85 mm acaricia retratos cerrados sin invadir. Cambiar de focal es cambiar de respiración. Si te acercas, baja la voz y espera el microgesto. Si te alejas, encuentra líneas que guíen con suavidad hacia ellos. Evita ángulos extremos que deformen manos o narices cerca de la ventana, donde la dirección de luz puede exagerar proporciones.
Un 35 mm invita a entrar en la habitación sin perder ambiente; un 50 mm abraza naturalezas sin distorsión; un 85 mm acaricia retratos cerrados sin invadir. Cambiar de focal es cambiar de respiración. Si te acercas, baja la voz y espera el microgesto. Si te alejas, encuentra líneas que guíen con suavidad hacia ellos. Evita ángulos extremos que deformen manos o narices cerca de la ventana, donde la dirección de luz puede exagerar proporciones.